Eduardo Flores Linares

No entienden

El lenguaje se altera, cambia, se modifica. Insospechadamente, nuevas palabras aparecen y el diccionario español crece en relación a estas. La lengua española se mantiene con “vida” y en movimiento continuo, pero gracias al lenguaje juvenil cuya renovación depende únicamente de las nuevas generaciones. Palabras nuevas se van añadiendo al extenso léxico, asimismo, vocablos van desapareciendo junto a generaciones que hicieron aportes a que el habla se mantuviese con actividad y no decayese en su intento y llegase a ser uno de los tres idiomas más hablados de estos tiempos. Hasta este punto, todo bien. Pero, de inmediato, se nos viene una pregunta perspicaz sobre esta serie de cambios que se preocupan con mantener el habla con la vigencia que amerita, ¿Qué sucede con las personas mayores, que habiendo crecido en un espacio socio temporal diferente, ya no entienden la lengua, y por ende, se encuentran en medio de una total diferencia con respecto a lo que conocían y a lo que predomina ahora? Pues, es momento de analizar esta situación de una manera crítica y teniendo en cuenta, también, el desarrollo de la jerigonza española que cada vez se va añadiendo al repertorio de términos.

En definitiva, los tiempos han cambiado. Si nos fijamos en nuestra propia historia como país podríamos notar esa colosal diferencia. Cuando el Perú era colonia española, por el año 1542, la lengua fue el primer cambio importante. Haciendo una comparación entre el año 1600 al año 1824, en el cual el Perú ganaría su independencia de la monarquía española, notaremos una gran diferencia entre estilos de lenguaje. Estaban las personas que tendían a usar un español más antiguo, que en su mayoría eran personas longevas, y las personas más jóvenes que hacían uso de un español más reciente como el que utilizamos ahora en nuestro país. Desde esa época es posible denotar las variadas diferencias de ambas generaciones que habían visto pasar la colonia española en nuestro país y las que la habían visto concluir. 

Volviendo a nuestros tiempos, nos encontramos ante las excepciones más impresionantes que la Real Academia Española, encargada de la regulación de los dialectos castellanos, haya podido hacer. Principalmente, tenemos que tener en cuenta que somos la única lengua que tiene un instituto regularizador de la misma, que se preocupa por mantenerla vigente por mucho tiempo y no convertirse en una lengua muerta como el latín o el griego. Pero hay veces que, quizá, nos deja un poco de qué pensar las palabras recientemente añadidas a la enciclopedia hispana. Palabras como “combi”, “tuit”, “botox”, “amigovio” y “basurita” son muchas de las palabras que la RAE, en su afán por actualizarse constantemente, ha incluido en el diccionario de la lengua española. ¿Qué podríamos decir acerca de esto? Si bien es cierto, son palabras que utilizamos a diario pero que gozan de cierta comicidad que hace que la lengua ya no sea tan seria como la que utilizaban nuestros ancestros. No nos podríamos imaginar a Miguel de Cervantes utilizando la palabra “amigovio”, dígase de las relaciones poco serias, o a Lope de Vega refiriéndose a una unidad de trasporte colectivo como “combi”, normalmente utilizado en nuestro país.

Sin embargo, como ya había afirmado antes, todo esto es originado a causa del surgimiento de nuevos términos, con buena razón en su mayoría, pero que se oponen en su totalidad a los términos tradicionales. Vemos también que se han aceptado americanismos como “Wifi”, “identiquit”, “kínder”, “hacker”, “baipás”, “bluyín” o “espray” que se refieren a palabras de origen anglosajón que pasan al diccionario español tal cual su pronunciación los integra. 

Volviendo al tema principal, las palabras que nuestros antecedentes nos habían dejado y que habían compuesto la riqueza de la lengua española durante siglos, ahora, pasan a la historia ya que ya no se utilizan más en la actualidad. Palabras que aún siguen siendo usadas por algunas personas ancianas hablantes del español son, por ejemplo, “enfingir”, “diudo”, “estultar”, “menge” y “pechar”, palabras que ahora no tienen un significado para las nuevas generaciones ya que la RAE ya no se encarga de hacerlas prevalecer sino de que evolucionen mientras las generaciones siguen pasando y siguen añadiendo nuevas palabras que se sobreponen encima de las anteriores, de las cuales ya no queda nada.

Los tiempos cambian y las personas longevas que hacen uso de un español más antiguo ya no comprenden lo que ahora se ve como lenguaje español. Han habido muchos cambios semánticos y de significado, creación de nuevos neologismos como “echar la peta”, “estar pallao”, “chinarse” o algunas formas híbridas como “porfaplis” que las personas mayores ya no logran comprender debido estas palabras ya no forman parte de su época y conforman parte de una época de un lenguaje mucho más juvenil que se irá arrastrando hasta las siguientes generaciones y evolucionará con ellas. 

Si lo quisiéramos ver todo esto de una forma más concreta podríamos afirmar que las nuevas generaciones han de cambiar el lenguajes de una manera más creativa, libre, expresiva y afectiva que empobrece, en gran medida, el lenguaje y el mensaje y la forma en como se dice ya que omite los elementos básicos y correctos de una oración. Esto contribuye a que el lenguaje se empobrezca cada vez más y ya no sea posible la charla entre generaciones y que, agravando aún más el problema, las nuevas y siguientes generaciones hispanohablantes se encuentren con un lenguaje completamente pobre y en decadencia.

En conclusión, los jóvenes estamos revolucionando el lenguaje de una manera incorrecta, los estamos cambiando de una manera que no comprende ni entiende el daño que está causando en futuras generaciones y en las anteriores al no poder comprender la mayoría de lo que intentamos decir. Es necesario, que las nuevas generaciones comprendan la importancia de la preservación de esta lengua y que la RAE también haga que se tome conciencia de este hecho y los jóvenes, nuestra generación, sepan manejar un lenguaje correcto en las situaciones y contextos que así lo requieran para no crear malentendidos.

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